martes, 28 de enero de 2014

Armando Lara - Pintor Hondureño

Armando Lara - Nació el 21 de octubre de 1959; pintor hondureño, maestro de artes plásticas. Estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes Plásticas de Honduras en 1980. Es un pintor surrealista con características muy personales. Dentro de este estilo centra su interés en lo social, en lo humano, en lo que merece ser expuesto por reprobable. Sus pinturas de magníficas figuras tienen múltiples sugerencias que las potencian en distintas posibles interpretaciones. El desnudo en una estética de la contemporaneidad. En el pintura actual de Armando Lara, cuerpos desnudos trazan huellas de pensamientos milenarios en claridades entretejidas en el espacio. Ellos arden sin descanso suspendidos en la noche, mientras la vida como torrente se articula entre las formas que los sostienen en su propio misterio, existencial y artístico. No hay rostros, no hay distinciones que puedan explicar quienes son esas mujeres que muestran su maravilloso cuerpo desnudo ante los ojos del espectador. Una corriente venida desde los confines de la historia del arte devela el misterio del dibujo, la firmeza del trazo que va más allá de la simple observación tal vez de una modelo, o más bien de un recuerdo atesorado bajo el canto de un pájaro de la noche.

Ubicar la obra de Armando Lara podría considerarse la apertura hacia un estética basada sobre teorías inéditas y particulares, como sería la reflexión del espacio ingrávido y el dibujo musculosos y real que lo habita. La condición existencial del hombre contemporáneo la muestra descarnada este joven artista que ha asumido la pintura y una temática casi psicológica en términos de desafío. Un método de representación propio se percibe visualmente en la manera realista de hacer crecer los cuerpos desde los más profundo de la tela y suspenderlos en un espacio que pareciera ser el de la nada. Es el espacio de la pintura resuelto en su propia fenomenología; resuelto desde la propia estructuración plástica de la imaginación, mientras que en la realidad artística los valores tectónicos, las tensiones y articulaciones de los grupos de formas-cuerpos-desnudos, sobre la tela, denotan el equilibrio basado en la relación entre el universo natural y el otro, el espiritual del hombre.

Colores apaisajados, brumosos y translucidos, animan la potencialidad volumétrica de las formas reconocidas. El artista con la maestría de quien conoce el manejo del espacio en la conformación de su pintura, plantea libre, pero metódicamente, las inflexiones cóncavas y convexas de las formas suspendidas con las que construyen la superficie pictórica. Un paisaje casi esotérico y surrealista aloja los cuerpos extraordinarios en el dibujo y su perfecta configuración anatómica. Lara continúa la tradición renacentista de la forma anatómica moviéndose en el espacio infinito; pero, lógicamente, en su caso, el artista está en su propia contemporaneidad cuando ubica el tema en la agonía del inconciente colectivo. Figuras femeninas de mujeres con cabezas y rostro ocultos por brazos y manos crispadas, representan temáticamente la condición existencial del ser humano de hoy.

El juego plástico espacial entre lo concretamente figurativo y representacional de los cuerpos y objetos discernibles, tijeras, alicates, y el espacio abstracto donde están colocados, trata la dicotomía entre la masa informe y lo concreto, lo banal y lo sublime. Es precisamente una manera simbólica de tratar un tema de hoy, el de la realidad espiritual y humana del ser inmerso en su contemporaneidad. Las masas de cuerpos en movimiento se trasladan hacia no se sabe dónde; proyectan elipsis rotatorios de vida en movimiento pero sin destino, como en La gran marea o Medusa, mientras que en Eclipse o Interpuesto por ejemplo, tres figuras desnudas, suerte de tres gracias, se multiplican en la proyección de sus sombras y en transfiguración agónica nadan en sus propias Llamas.

Armando Lara se interesa por el interior de los cuerpos y su proyección simbólica. Por ello da forma y sustancia real a una parte de la pintura, precisamente a los cuerpos femeninos desnudos siempre en grupos, mientras que a otra, precisamente el paisaje abstracto donde los ubica, son visiones de pesadillas informes. La relación entre estos dos segmentos diferenciados se sitúa en los límites de la realidad y la imaginación. Los cuerpos voluptuosos se ofrecen en contrapartida a los espacios llenos o vacíos, relación entre lo negativo y lo positivo. No se trata de un tema figurativo en particular. Lara propone una provocación visual basada en el mundo real que lo rodea. La suya no es un pintura bella a pesar de la pureza arquitectónicamente humana de los cuerpos. El tema oculto trata del lado oscuro del alma que grita ser liberada, posiblemente, de la desintegración de su época.
Bélgica Rodríguez, Caracas, abril 2006








































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