domingo, 30 de noviembre de 2014

Kjell Askildsen - En la peluquería

Hace muchos años que dejé de ir al peluquero; el más cercano se encuentra a cinco manzanas de aquí, lo que me resultaba bastante lejos incluso antes de romperse la barandilla de la escalera. El poco pelo que me crece puedo cortármelo yo mismo, y eso hago, quiero poder mirarme en el espejo sin deprimirme demasiado, también me corto siempre los pelos largos de la nariz.

Pero en una ocasión, hace menos de un año, y por razones en las que no quiero entrar aquí, me sentía aún más solo que de costumbre, y se me ocurrió la idea de ir a cortarme el pelo, aunque no lo tenía nada largo. La verdad es que intenté convencerme de no ir, está demasiado lejos, me dije, tus piernas ya no valen para eso, te va a costar al menos tres cuartos de hora ir, y otro tanto volver. Pero de nada sirvió. ¿Y qué?, me contesté, tengo tiempo de sobra, es lo único que me sobra.

De modo que me vestí y salí a la calle. No había exagerado, tardé mucho; jamás he oído hablar de nadie que ande tan despacio como yo, es una lata, habría preferido ser sordomudo. Porque ¿qué hay que merezca ser escuchado?, y ¿por qué hablar?, ¿quién escucha? y ¿hay algo más que decir? Sí, hay más que decir, pero ¿quién escucha?

Por fin llegué. Abrí la puerta y entré. Ay, el mundo cambia. En la peluquería todo está cambiado. Solo el peluquero era el mismo. Lo saludé, pero no me reconoció. Me llevé una decepción, aunque, por supuesto, hice como si nada. No había ningún sitio libre. A tres personas las estaban afeitando o cortando el pelo, otras cuatro esperaban, y no quedaba ningún asiento libre. Estaba muy cansado, pero nadie se levantó, los que estaban esperando eran demasiado jóvenes, no sabían lo que es la vejez. De manera que me volví hacia la ventana y me puse a mirar la calle, haciendo como si fuera eso lo que quería, porque nadie debía sentir lástima por mí. Acepto la cortesía, pero la compasión pueden guardársela para los animales. A menudo, demasiado a menudo, bien es verdad que ya hace tiempo, aunque el mundo no se ha vuelto más humano, ¿no?, solía fijarme en que algunos jóvenes pasaban indiferentes por encima de personas desplomadas en la acera, mientras que cuando veían a un gato o un perro herido, sus corazones desbordaban compasión. “Pobre perrito”, decían o “Gatito, pobrecito, ¿está herido?” ¡Ay, sí, hay muchos amantes de los animales!

Por suerte, no tuve que estar de pie más de cinco minutos, y fue un alivio poder sentarme. Pero nadie hablaba. Antes, en otros tiempos, el mundo, tanto el lejano como el cercano, se llevaba hasta el interior de la peluquería. Ahora reinaba el silencio, me había dado el paseo en vano, no había ya ningún mundo del que se deseara hablar. Así que al cabo de un rato me levanté y me marché. No tenía ningún sentido seguir allí. Mi pelo estaba lo suficientemente corto. Y así me ahorré unas coronas, seguro que me habría costado bastante. Y eché a andar los muchos miles de pasitos hasta casa. Ay, el mundo cambia, pensé. Y se extiende el silencio. Es hora ya de morirse. 

FIN

El Arte en la Vida, tiene como objetivo difundir el que hacer artístico de pintores, escultores, escritores, fotógrafos, artistas digitales, etc., sin fines de lucro. No posee los derechos de autor de las obras que aquí se exhiben, las mismas se han hallado navegando por la web. No trata de obtener crédito alguno por las obras aquí expuestas.

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Dmitry Brodetsky - Pintor de la República de Moldavia.

Dmitry Brodetsky - Nació en Chisinau, Moldavia en 1976, Estudió en la Escuela de arte de Cahul, Moldavia, entro 1985 entre 1990; en el Colegio Republicano de Arte, Chisinau, Moldova desde 1991 a 1995 y en el Instituto de Bellas Artes. Timisoara, Rumania de 1997 al 2000.

"La pintura y el arte en general me han cautivado desde que era un niño. Todo comenzó como un simple juego, pero más tarde se convirtió en un medio de comunicación. La pintura es en realidad el único canal de comunicación que todavía están disponibles para mí hoy. Eso es porque no soy un ser social, en el sentido de tomar la realidad como es y simplemente cumplir con las normas vigentes, la corriente principal. Estoy en la negación constante de todo lo que es feo y el mal en el mundo, y mi protesta ganancias sustancia en las pinturas que creo. En ellos, me esfuerzo para revelar a mí mismo al mundo, para dar a conocer mis más profundos sentimientos y estados de ánimo ocultos. De hecho, veo la pintura como una forma de auto-descubrimiento, sino también como un juego, para mi espíritu es un ser juguetón. Al estar inclinado en la introspección, puedo decir que cualquiera que mira a mis pinturas pueden llegar a conocer una parte de mí, pueden descubrir mi mundo interior y los viajes que tomo para explorarlo. Muchas de mis obras contienen elementos fantásticos, en parte porque, como un niño grande que soy, estoy interesado en la fantasía, sino también por la necesidad ansia de misterio y fantasía tiene sus raíces en las capas más profundas de mi ser. Ahora estoy cautivado y yo estoy tratando de presentarme como un artista surrealista".










































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Gian Lorenzo Bernini - Escultor, Arquitecto y Pintor Italiano

Gian Lorenzo Bernini - Nació en Nápoles, el 7 de diciembre de 1598 / Roma, 28 de noviembre de 1680; fue un escultor, arquitecto y pintor italiano. Trabajó principalmente en Roma y es considerado el más destacado escultor de su generación, creador del estilo escultórico barroco. Fue uno de los mejores arquitectos del barroco romano, junto con sus contemporáneos Francesco Borromini y Pietro da Cortona. Al principio de sus carreras, todos trabajaron en el Palacio Barberini, pero después compitieron por los encargos de grandes obras y desarrollaron una feroz rivalidad, particularmente Bernini y Borromini. A pesar de la indiscutible calidad de Borromini y Da Cortona, Bernini gozó del favor de los papas Urbano VIII (1623–44) y Alejandro VII (1655–65) y por tanto se aseguró el proyecto más importante de la Roma de su tiempo, la basílica de San Pedro del Vaticano. El diseño de la Plaza de San Pedro que se abre ante la basílica es uno de sus proyectos arquitectónicos más innovadores y alabados.

Durante su extensa carrera, Bernini recibió numerosos encargos de gran relevancia, varios de ellos por parte del papado. A temprana edad llamó la atención del cardenal nepote Scipione Caffarelli Borghese, sobrino del Papa, y en 1621, con sólo 23 años, fue nombrado caballero por el Papa Gregorio XV. Realizó las obras más destacadas durante el pontificado de Urbano VIII y aunque no tuvo tanta preeminencia durante Inocencio X, volvió a gozar del favor de los pontífices Alejandro VII y Clemente IX.

































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