sábado, 31 de octubre de 2015

Cuento Anónimo Suizo - La grave enfermedad

Hubo una vez un chiquillo que no podía decir "por favor", ni tampoco "gracias". Estas dos palabritas tan corteses no querían sencillamente salirle de la boca. Sus padres se enfadaban mucho por ello, y el abuelo aún más. Pero la abuela contemplaba al muchachito, y sentía dolor.

- Está enfermo -dijo al fin-. ¡Llamen al médico!

Vino el doctor, y examinó con cuidado al chiquillo.

- No tiene absolutamente nada en el cuello ni en la lengua -dijo el sabio hombre, y se marchó de nuevo.

- Así, pues, tiene algo en el corazón -afirmó la abuela.

Nadie sabía qué hacer; nadie podía ayudar. Y, sin embargo, era una grave enfermedad y un verdadero dolor. Si venía alguna tía de visita y traía consigo buenas cosas, corría el muchacho a esconderse detrás de la casa. No quería recibir regalos, pues no podía decir "gracias", como manda la buena educación.

Una vez estaba toda la familia en el campo, en casa de unos primos y primas. En la fiesta sirvieron mosto dulce y pan moreno recién amasado y con ello también nueces tiernas. ¡Oh, qué bueno era aquello! Y todos se alegraron.

Pero al muchacho se le ocurrió que tendría que decir "por favor" y "gracias" y dejó todas aquellas apetitosas cosas y dijo que no le apetecían; prefería ir a ver los conejitos.

Pero, cuando estuvo con los conejitos, empezaron a correr libremente las lágrimas por sus mejillas. Sentía algo como un peso que le oprimía el corazón. ¡Ay¡ ¡Era tan triste no poder decir "por favor" y "gracias"! Y el mosto dulce era precisamente para él lo mejor del mundo.

Detrás de la casa de los campesinos se extendía un amplio bosque. Hacia allí corrió el muchacho para ocultar su dolor. Entonces vio junto al camino una gran mata de zarzas llena a más no poder de moras maduras.

- ¡Oh, cuántas! -exclamó el muchacho-. ¡Voy a cogerlas!

Pero, al ir a hacerlo, ¿qué sucedió? La mata retiró sus ramas y un ratoncito dijo desde dentro:

- ¡Di enseguida "por favor", y entonces podrás cogerlas todas!

El chiquillo puso hociquillos de disgusto; se volvió y siguió corriendo, pues "por favor" era justamente una de las palabras que no podía él decir.

A poco llegó junto a un avellano. Los frutos, de color pardo dorado, eran tentadores. ¡Oh, cómo recordaban la Navidad! El chiquillo corrió hacia allí. Pero, al acercarse, las ramas del avellano se irguieron con todos sus frutos hacia lo alto, y una ardilla gritó desde el árbol:

-Tú, como no puedes decir "gracias", tampoco debes coger avellanas.

Echó a correr de nuevo, disgustado, y de tanto correr sintió sed. Por eso se alegró cuando oyó entre la maleza un suave rumor, que procedía de un manantial. Pero apenas se hubo inclinado para coger agua con la mano, se retiró de pronto el manantial y desapareció en la roca.

Aterrado, levantó el chiquillo la mirada y vio junto a sí un cervatillo. El pobre animal llevaba la lengua fuera. Era evidente que venía atormentado por la sed. Pero el manantial había desaparecido y no parecía que quisiera volver a salir de nuevo. Algo se removió en el corazón del chiquillo. Acarició al animal y dijo:

- Yo tengo la culpa de que tú hayas de pasar sed. ¡Pobre cervatillo!

El muchacho sollozaba más y más, desconsoladamente. Entonces echó a hablar y dijo de manera inesperada:

-¡Por favor, querido manantial, regálanos de nuevo tu agua!

En la roca se oyó inmediatamente como un alegre cantar. A continuación brotó el agua, y, claro como la plata, fluyó de nuevo el manantial. El chiquillo y el cervatillo bebieron. Y cuando él tuvo bastante, dijo con voz fuerte y clara:

- ¡Gracias!

Entonces se dio cuenta de que había caído algo al suelo, a su lado. Era una piedra, que le había caído al muchacho del corazón. El chiquillo se sentía muy ligero, libre del peso que antes lo oprimía. En lugar del cervatillo, empero, había ahora una hermosa hada a su lado. Ésta dijo:

- Ahora estás curado.

- ¡Gracias! -repitió el chiquillo, y se quedó contemplándola lleno de una indecible felicidad.

Luego echó a correr, loco de alegría, y salió del bosque. De repente sintió deseos de ver a sus primos y a sus primas, y fue a buscarlos a la pradera donde estaban jugando. Cuando vieron de lejos al fugitivo, gritaron todos irónicamente:

- ¿Quieres ahora mosto dulce y pan moreno y nueces?

- ¡Sí, por favor! -dijo el chiquillo.

Entonces corrieron hacia la casa y le trajeron de todo. El chiquillo, cada vez más contento, decía:

- ¡Gracias, muchas gracias!

Y reía sin cesar y sentía ligero su corazón. Naturalmente: había desaparecido la piedra que lo oprimía y no le dejaba decir ni "por favor" ni "gracias".

Pueden imaginarse cómo se alegraron los padres de que su hijito estuviera ahora curado de su grave enfermedad. Pero nadie estuvo más contento que el abuelo y la abuela, y el más contento de todos era el mismo chiquillo.

FIN

El Arte en la Vida, tiene como objetivo difundir el que hacer artístico de pintores, escultores, escritores, fotógrafos, artistas digitales, etc., sin fines de lucro. No posee los derechos de autor de las obras que aquí se exhiben, las mismas se han hallado navegando por la web. No trata de obtener crédito alguno por las obras aquí expuestas.

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Paul Klee - Pintor Alemán nacido en Suiza

Paul Klee - Nació en Münchenbuchsee, cerca de Berna, el 18 de diciembre de 1879 / Muralto, el 29 de junio de 1940. Desarrolló su vida en Alemania, cuyo estilo varía entre el surrealismo, el expresionismo y la abstracción. De su padre obtuvo la ciudadanía alemana, que usaría toda su vida, dado que Suiza se negó a darle ciudadanía durante su exilio en ese país durante la persecución nazi. Estudió arte en Múnich con Heinrich Knirr y Franz von Stuck. A sus diecisiete años pintó la tinta "Mi Habitación" en 1896. Trabajaba en óleo, acuarela, tinta y otros materiales, generalmente combinándolos en un solo trabajo. Sus cuadros frecuentemente aluden a la poesía, la música y los sueños, y a veces incluyen palabras o notas musicales. Al regresar de un viaje a Italia, se asentó en Múnich, donde conoció a Vasili Kandinski, Franz Marc y otras figuras de vanguardia, y se asoció al Blaue Reiter.

En 1911 Wassily Kandinski y Franz Marc fundaron en Múnich un grupo de artistas vinculado al expresionismo. Paul Klee no era oficialmente miembro de esta asociación, pero con todo se sentía muy unido al círculo de artistas que la integraban y participó en sus exposiciones. Entre los miembros del Blaue Reiter se contaban August Macke, Gabriele Münter y Marianne von Werefkin. Todos compartían un interés por el arte gótico y primitivo y por los movimientos modernos del fovismo y el cubismo. El nombre del grupo se deriva de una obra pictórica de Kandinsky de 1903 que a partir de 1912 sirvió de ilustración para los títulos de un anuario con ese mismo nombre. La primera de las dos exposiciones del Blaue Reiter se inauguró el 18 de diciembre de 1911 y permaneció en la Galería Moderna de Heinrich Thannhauser, en Múnich, hasta el 1 de enero de 1912. En ella se incluyeron 49 obras de Henri Rousseau, Albert Bloch, Heinrich Campendonk, Robert Delaunay, Kandinsky, Klee y Macke. Tras este período, la exposición inició su itinerancia por otras ciudades alemanas, entre ellas Colonia y Berlín.

Después de la Primera Guerra Mundial, donde participó como soldado por ser ciudadano alemán, enseñó en la Bauhaus, y a partir de 1931, en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf, antes de ser denunciado por los nazis por producir «arte degenerado». En 1933 dejó la enseñanza y regresó a Berna, donde realizó una gran exposición en la Kunsthalle (1935). En 1936 se le diagnosticó esclerodermia, una grave enfermedad degenerativa que le acompañaría el resto de su vida, aunque siguió trabajando a buen ritmo. En 1940 fue internado en una clínica de Muralto-Locarno, donde falleció el 29 de junio.

Paul Klee usó el color de maneras variadas y únicas, y mantuvo con él una relación que progresó con el tiempo. Para un artista que amaba tanto la naturaleza parece algo extraño que en sus comienzos despreciara el color, creyendo que no era sino una decoración. Con el tiempo cambió de idea y llegó a manipular el color con una enorme precisión y pasión, hasta tal punto que terminó enseñando teoría del color y de su mezcla en la Escuela de la Bauhaus. Esta progresión, por sí misma, es de gran importancia porque le permitió escribir sobre el color con una mirada única entre sus contemporáneos.








































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Lottie O'Leary - Escultora Británica

Lottie O'Leary - Nació el 5 de febrero de 1963. Después de salir de la escuela sin cualificación en arte la convencieron que probara en la Escuela de Arte después de visitar un Centro de Orientación Vocacional. Luego desde 1982 a 1986 de la Ciudad y los gremios de Londres Escuela de Arte. Realiza un Curso Fundación seguido por 3 años Diplomado en Restauración en madera, piedra y acabados policromados aliadas. Trabaja para Michael Eastham, cerca de Wantage como curador de escultura principalmente en monumentos de Iglesias y algunos encargos privados. Trabajó durante 6 meses con Nick Durnan en la catedral de Canterbury, la limpieza y la reparación de una arquería ciega románico y capitales. Durante dos años, desde 1987 a 1989 National Trust Estatuaria Taller en Cliveden, Bucks. Empleada por el National Trust como curador asistente escultura bajo Trevor Proudfoot, trabajando en grande y variada colección de la Fundación de las esculturas en la Gran Bretaña. Estudió la albañilería, la talla y las letras en piedra en Weymouth Technical College. Durante dos años, desde 1991 volvió a trabajar en la Conservación de Cliveden, haciendo el trabajo que talla la restauración de su taller en Bristol. En 1993 se casa y con su marido establecen su propio taller y los negocios en Gales, realizando memoriales y esculturas. 














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