lunes, 16 de enero de 2017

Juan Mersé - Canciones de amor en Lolita's Club

—El comportamiento de un cadáver en el mar es imprevisible.

Eso fue lo que declaró el capitán del Alhambra II, y ahora Valentín lo recuerda repitiendo en voz alta las misteriosas palabras y barruntando lo mismo que entonces, cuando leyó la entrevista en la prensa: mummmm, los viejos marinos son supersticiosos y dicen cosas raras, pero ¡puñeta, qué manera tan pertinente de referirse a la pobre Desirée! Ciertamente el capitán parecía conocer a la muchacha mucho mejor que los que la habían comprado y vendido, gozado y maltratado en vida.

Mecido por una familiar sinfonía de suspiros y gemidos sexuales, mientras avanza por el pasillo sosteniendo en alto la bandeja con una sola mano, tal si hubiera sido experimentado camarero toda su vida, Valentín siente agitarse bajo sus pies el mar profundo y tenebroso y el flujo caprichoso y helado de las corrientes. Qué lejos alcanza el entendimiento de la gente del mar, se dice. En cambio, yo aquí, bobo de mí, ¿cómo no supe leer en los ojos celestes de Desirée lo que iba a pasar? ¿Cómo no supe ver lo que haría una muchacha tan decidida a romperse en mil pedazos por dentro y por fuera? ¿No lo intentó ya una vez con pastillas? ¿Por qué nadie en esta casa acertó a verla en lo peor, después de que se la llevaran llorando y a la fuerza? Verla, por ejemplo, arañándose las muñecas y paseando como enjaulada por la cubierta del barco con la misma desesperada crispación que se movía aquí, en la pista azul del club y en el tirabuzón de la escalera de caracol, o en su propia habitación, viendo a los hombres desnudarse o vestirse noche tras noche con sus celestes ojos desleídos, casi blancos… Hoy hace tres meses.

Los dorados cabellos de Desi ondulando entre las algas. ¿Quién dijo que todos los caminos van a dar a la mar…? ¿O no se dice así? Hoy hace tres meses, recuerda: sus braguitas con puntillas secándose al sol en los alambres de la azotea del club, transparentando el mar cercano y quieto que se la llevó. Se trata de un cadáver a la deriva, señores, dijo el capitán. La sirena del paquebote a lo lejos, reclamando el cuerpo a través de la niebla.

—Hoy hace tres meses.

Bajo una noche sin luna navega en alta mar el Alhambra II cubriendo la ruta Barcelona-Palma. Desirée se acerca descalza y muy despacio a la barandilla de babor, pongamos por caso, aunque da lo mismo un sitio que otro, porque ella ya no está en ese barco ni en este mundo, ya no es consciente de nada, y se para sin saber que se ha parado rodeada de mar y de olvido, rinde la cabeza sobre el pecho y se inclina sobre el abismo. Abajo rompen las olas y liberan una leve espuma, pero sus ojos azules se clavan obsesivamente en las negras aguas. Lejos, adonde ella no quiere ir, la otra espuma de los acantilados la está esperando. A ver, esa sonrisa.

Y la siguiente pregunta del periodista, que mereció la misma respuesta. ¿Cómo se explica usted que el cuerpo de la ahogada haya aparecido al día siguiente a treinta millas del punto donde se arrojó por la borda? El comportamiento de un cadáver en el mar es imprevisible, señor. A ver, esa sonrisa. Un pasajero muy locuaz, un hombre altísimo cargado de espaldas y con la cabeza pequeña, como un pájaro ensimismado, declaraba también que esa misma noche la muchacha se le acercó en cubierta para entablar conversación, y que inmediatamente él supo que era una prostituta por el modo de mirarle. A la bragueta, señor, directamente a la bragueta. Que fumaba un porro, y que seguramente era colombiana, añadió, como el hombre que embarcó con ella, y del que nunca más se supo, por cierto. Cuando el barco atracó en Palma, desapareció.

El veterano capitán de la compañía Transmediterránea recordaba que la joven tenía los ojos azules y lucía una mariposa roja y amarilla estampada en el hombro derecho, pero añadió que cuando su cuerpo fue hallado veinticuatro horas después flotando al pie de los acantilados, tan lejos del punto donde se tiró al agua, sus ojos eran verdes y la mariposa estaba en su pecho izquierdo y tenía las alas grises. El mar hace su trabajo, señor. El viejo marino puede simular ignorancia o puede mentir por discreción o por compasión, pero habla siempre desde la experiencia que le otorga su antigua relación personal con los vientos y las corrientes marinas y los embates salobres que erosionan la piel y verdean la mirada de los ahogados. O algo así diría, medita Valentín, ya no sabremos nunca si el hombre lo dijo o solamente lo pensó, o quizá yo he soñado que lo decía o que lo pensaba al esforzarme tanto en descifrar en voz alta sus declaraciones a la prensa. No sin esfuerzo, hay que insistir en eso, porque las palabras largas serpentean y amagan el sentido. Palabras largas como comportamiento o como imprevisible, nunca se portan correctamente en boca de un tartaja.

—Nu-nu-nunnnnca.

Detrás de una puerta, el familiar y rítmico crujido de la cama. Un poco más allá, detrás de otra puerta, un chillido estrictamente gutural. La espalda de Valentín sigue alejándose bajo la mórbida luz verdosa, como de acuario, que inunda el pasillo, con las puertas de las habitaciones a ambos lados, todas cerradas. Lleva alto gorro de cocinero y mandil impoluto. Se oyen sofocados jadeos y gemidos femeninos de placer claramente falsos y descreídos, un simulacro de orgasmo monótono y hueco y tan poco convincente que podría dar lugar a una reclamación por parte del cliente, no sería la primera vez, discurre ahora el cocinero distraídamente. La turbia luz cenital cae sobre su cabeza y sobre la bandeja que sostiene en alto con el brazo estirado, sobre una pizza recién cocinada, una cerveza y un cubalibre, mientras él camina sobre la alfombra roja con pasos precavidos, como si pisara huevos. Al fondo, el pasillo termina en una traslúcida cortina que agita la brisa nocturna, y que oculta un vetusto balcón.

Poco después, entregado el servicio, la misma espalda se aleja por el mismo pasillo, pero ahora en sentido inverso y entrevista a través de la cortina que mueve la brisa: Valentín piensa que Desirée Alvarado podría ocultarse nuevamente detrás de esta cortina, en el balcón y al amparo de la noche con un porrito entre los dedos. Él le llevaría comida y café y rosquillas. Podría vivir así mil años, le diría ella, si de vez en cuando también me traes algún porrito. Desirée escapando de esta forma del hombre que vino a compraría para llevársela a otro club, esta vez en Mallorca. Así que, ¿no podría haberse tirado al mar no para morir, sino para vivir mil años…?

Acaba de entregar el servicio en la habitación 9. La cabeza abatida por el recuerdo proyecta sombra y no deja ver su cara, solamente los oscuros mechones del pelo lacio que escapan del gorro y caen a ambos lados de la frente como las alas de un pajarraco. Hacia la mitad del pasillo se para, los brazos colgando a lo largo del cuerpo, la bandeja balanceándose en su mano, estira el cuello despacio e inclina la cabeza a un lado, como si quisiera oír mejor los gemidos que simulan placer detrás de la puerta. Los chillidos de Desi habrían resultado más creíbles, él los recordaba bien, a su garganta nunca le faltaron convicción ni ganas, solamente quizá unos traguitos de cava.

—Siempre acabas ronca, niña.

—Es que se me irrita la campanilla justo cuando los tengo a punto de caramelo, Valen.


Se para en mitad del pasillo. Las manos apretando la bandeja contra su pecho y el ánimo en suspenso, poseído por una especie de fervor, Valentín levanta la cabeza lentamente y reanuda la marcha, desapareciendo entre las sombras de la escalera que cobija ecos de risas y música caribeña.

FIN

El Arte en la Vida, tiene como objetivo difundir el quehacer artístico de pintores, escultores, escritores, fotógrafos, artistas digitales, etc., sin fines de lucro. No posee los derechos de autor de las obras que aquí se exhibe las mismas se han hallado navegando por la web. No trata de obtener crédito alguno por las obras aquí expuestas.
                                   
Si su trabajo esta exhibido en este blog y no desea que sea admirado y/o conocido por el público en general, por favor, envíe un correo electrónico manifestando su necesidad de que deje de ser publicado y será inmediatamente eliminado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario